Talavera

un legado cultural certificado

Consejo Regulador de Talavera, A.C.

Uno de los objetivos de el Consejo Regulador de Talavera es preservar la elaboración de la Talavera como un bien patrimonial de Puebla, tal como lo trajeron los españoles durante la Conquista y que fue enriquecido localmente por la tradición alfarera con que siempre ha contado el pueblo mexicano.


Historia de la Talavera

Talavera es un término lleno de misterio como misterioso es que los hombres se empeñen en obtener de la tierra objetos vidriados y pintados que al chocar entre sí, suenan a campana roca y llaman nuestra atención por su belleza. La loza, tibores, piezas decorativas y azulejos que conocemos como Talavera de Puebla es, sin duda uno de los temas mayores de las artes tradicionales de nuestro país. La alfarería de Talavera es un arte ligado históricamente a ciertos espacios; la cocina, la iglesia, el convento, la fachada de la casa y su interior, más el espacio del taller donde los rituales centenarios del artesano se repiten. Este arte que es esencial como la escultura, tienen además un espacio interno, el de la imaginaria representada sobre su superficie, éstos espacios forman un mundo donde realidad y fantasía se comunican donde las manos que hacen y compran y venden, se combina con las manos que pintan las formas de sus sueños sobre un objeto. Este es el mundo de la Talavera Poblana, otro mundo en nuestro mundo.

Lo cierto es que la Talavera es una muestra de la pluralidad de razas y culturas que confluyen en México, ya que en cada pieza de Talavera blanca, azul o de otro color, hecha en los alfares de Puebla, lo árabe, lo español, lo chino y lo mexicano, aparecen sutilmente hechos técnica y dibujo de la materia, herencias mudas que nos hablan por la vista y el tacto.

Entre las cerámicas vidriadas hechas en América durante la dominación española, destaca la llamada Talavera de Puebla. Es la más antigua de ellas y la de mayor continuidad, pues aún se hace como entonces. Es también la que mayor difusión alcanzó en América por ser uno de los productos más importantes del comercio inter colonial. Las investigaciones documentales permiten afirmas con seguridad que la producción de la Talavera comenzó en Puebla en el siglo XVI. Entre los primeros vecinos de Puebla, hubo algunos maestros procedentes de la región de Toledo que en 1531 introdujeron esta industria a la ciudad. Además entre 1580 y 1585, el maestro Gaspar de Encinas tuvo ya una locería en la calle de Herreros. Examinando otros documentos podemos afirmar que en 1573 trabajó en Puebla el locero Alberto de Ojeda, que al año siguiente se logró con Bartolomé de la Reina, una compañía “en el trato de hacer loza de todo género y azulejos”. A partir de 1580 se estableció un mayor número de maestros loceros que encontraron en Puebla no sólo los materiales requeridos para producir cerámicas de buena calidad, sino también un centro comercial que permitía con facilidad la venta de sus productos hacia diversas ciudades de la Nueva España.

Fue hasta 1652 cuando los maestros loceros “de lo blanco y de lo prieto” vecinos de la ciudad de Puebla, reunidos el 5 de agosto otorgan poder a Diego Salvador Carreto para que pidiera al Virrey se establecieran los exámenes y se dieran ordenanzas capitulando las condiciones, penas, gravámenes y circunstancias requeridas para el buen uso del oficio. El Virrey Luis Enríquez de Guzmán, respondió favorablemente a la solicitud de los productores de Talavera poblanos el día 29 de agosto, otorgando un mandamiento dirigido al Alcalde Mayor de Puebla, pidiéndole que reuniese a los maestros para elegir un veedor y dos diputados que redactaran las ordenanzas. El Virrey Francisco Fernández de la Cueva, las aprobó y otorgó el mandamiento el 30 de junio de 1659 dirigido al Alcalde Mayor y al Ayuntamiento de Puebla, ordenando que se asentaran en los libros de ordenanzas y diputación y se pregonaran públicamente. Comprendían diez artículos. El primero se refería al examen que debían aprobar los oficiales para ser considerados maestros, ante el alcalde y los veedores electos anualmente, quienes podían visitar los talleres y tiendas y denunciar las obras que no estuviesen fabricadas conforme a lo estipulado. El segundo aclaraba que, en vista de la ausencia hasta entonces de maestros examinadores, ellos serían los primeros. En el tercero se ordenaba que sólo podrían examinarse españoles “de toda satisfacción y confianza”, no admitiendo a negros, mulatos o “persona de color turbado”.

El cuarto advertía que ninguna persona que no estuviera examinada podría tener taller ni tienda pública. Habría tres “géneros” de loza, explicaba el artículo quinto: las llamadas “loza fina, común y amarilla vidriada”, con aclaración de que quien fuese examinado de “loza amarilla” no podría fabricar “loza fina” si no se hubiera examinado antes en ella. En el capítulo sexto quedó estipulado que las viudas de maestros podrían usar el oficio y fabricar el “género” de la loza en el que su marido se hubiera examinado. También el hijo del maestro podría usar el oficio durante tres meses sin examinarse, pero luego tendría que hacerlo. Los maestros, según el artículo séptimo, deberían poseer una copia de las ordenanzas para que no pretendieran ignorancia.

En el más extenso de los artículos fue el octavo. Trataba de las normas para la fabricación de la loza y se dividía en ocho incisos: El primero era relativo al barro; el segundo al vidriado de la loza fina, que si fuese pintada habría “de ser guarnecida de negro por su hermosura” y su espesor uniforme, el tercero al vidriado de la loza común y blanca, el cuarto a la calidad del mismo, el quinto estipuló las dimensiones del plato de mesa ordinario, tanto en la loza fina como en la común y el sexto las dimensiones de las escudillas ordinarias, medidas que no se aplicarían en la loza fina; el séptimo y el octavo determinaban que cada maestro tuviese una marca y señal, para evitar los fraudes en las piezas que fabricasen, así como en su carta de examen, para que no pudiesen cambiarla.

Finalmente el Lic. Manuel Bartlett Díaz presenta a la Secretaria de Comercio y Fomento Industrial el proyecto de Norma Oficial para la protección de un producto mexicano, elaborado en Puebla: La Talavera.

Esta norma se publica en el Diario Oficial de la Federación el día de 1998, con el nombre NOM-132-SCFI, Talavera Especificaciones.